En la tónica fraterna tan típica de Santa Clara y San Francisco, abrí cada reflexión para que ellas pudieran intervenir con preguntas, comentarios o pareceres. Pues debo confesar que es la primera vez que utilizo esta dinámica y que fue toda una sorpresa sobre todo para mí.
Mujeres llenas de Dios y llenas de experiencias. Entre ellas hay quienes están en los 50 años de vida consagrada y quienes apenas inician el camino; jóvenes con experiencia de trabajo en el mundo antes de entrar y otras profesionales que dejaron carreras prometedoras para hacerse mar adentro de la vida contemplativa clariana.
Ciertamente todas con un exquisito carisma para la música y el arte, adornaban cada celebración litúrgica con instrumentos de todo tipo: guitarras, órgano, violines, flauta dulce, flauta traversa, cicus, zamponia, triángulo, bombo, caja, y un etcétera de instrumentos de los cuales, por mi ignorancia, no conozco el nombre.
Se sienten y se ven llenas de vida y con deseos de seguir creciendo, las candidatas para entrar están haciendo cola pues no hay más sitio ni para un alfiler debido a la pequeñez del monasterio. Se plantean seriamente hacer una fundación pues la vida es explosiva y busca siempre engendrar y dar nueva vida.
Que Dios, el Padre de las misericordias, las siga multiplicando en el espíritu de nuestra Madre Santa Clara y las haga colaboradoras Suyas y sostenedoras de los miembros vacilantes del Cuerpo de Cristo.