Roma, Italia.- Ahora que en los medios de comunicación masiva, Haití ha comenzado a ocupar la segunda o tercera página de los periódicos, o el cuarto lugar de las noticias televisivas, o un comentario deslucido en la sección "sociales" de algún telediario, me decido a publicar, como noticia actualizada, lo que tiene que ver con nuestros propios hermanos de la Vice-Provincia de República Dominicana y Haití.

Nosotros, los Capuchinos tenemos una fraternidad en Beraud-Les Cayes, a unos 230 km de Puerto Príncipe al sud oeste de la isla. Ellos, gracias a Dios, lo mismo que la gente del lugar, no han sufrido consecuencias del grave terremoto ni del temblor nuevamente serio del día de ayer.
Están y siguen caminando junto al pueblo haitiano y sí comparten con la gente su pobreza y limitaciones de todo tipo, con alegría franciscana y mucha fe cristiana.
Además tenemos en República Dominicana, un grupo de jóvenes haitianos en formación inicial todavía (postulantado y postnoviciado) en un número de unos 20 hermanos.
El Ministro Viceprovincial, fray Demetrio, los reunió a todos el día inmediatamente posterior al terremoto, y se decidió que viajaran a Haití, fundamentalmente con dos objetivos: tomar contacto con las propias familias y hacerse solidarios y voluntarios con su gente.
Todavía en Haití hay un grupo de estos jóvenes nuestros, otro grupo ya regresó a Dominicana. Por el momento, sabemos que algunos de nuestros hermanos han perdido familiares y conocidos, pero ninguno a sus padres. Todavía esperamos el regreso de los que quedan para confirmar, esperemos en Dios, que tampoco ellos hayan perdido a sus padres.
Nuestros hermanos de Santo Domingo, por otro lado, están hospedando en una de nuestras casas de la capital, a todos los heridos ya dados de alta de diversos hospitales dominicanos, ofreciéndoles, de este modo, un lugar donde poder vivir con dignidad, hasta que el tiempo aclare y la amanecida de la solidaridad internacional, logre, sin condicionamientos de ningún tipo, restituir a este pueblo, lo que la catástrofe les ha arrebatado.
Oremos por todas las víctimas fatales, oremos por los sobrevivientes sin familia, oremos en particular por los niños, los más débiles de todas las historias, para que encuentren una familia nueva que los acoja en su seno.

Nosotros, los Capuchinos tenemos una fraternidad en Beraud-Les Cayes, a unos 230 km de Puerto Príncipe al sud oeste de la isla. Ellos, gracias a Dios, lo mismo que la gente del lugar, no han sufrido consecuencias del grave terremoto ni del temblor nuevamente serio del día de ayer.
Están y siguen caminando junto al pueblo haitiano y sí comparten con la gente su pobreza y limitaciones de todo tipo, con alegría franciscana y mucha fe cristiana.
Además tenemos en República Dominicana, un grupo de jóvenes haitianos en formación inicial todavía (postulantado y postnoviciado) en un número de unos 20 hermanos.
El Ministro Viceprovincial, fray Demetrio, los reunió a todos el día inmediatamente posterior al terremoto, y se decidió que viajaran a Haití, fundamentalmente con dos objetivos: tomar contacto con las propias familias y hacerse solidarios y voluntarios con su gente.
Todavía en Haití hay un grupo de estos jóvenes nuestros, otro grupo ya regresó a Dominicana. Por el momento, sabemos que algunos de nuestros hermanos han perdido familiares y conocidos, pero ninguno a sus padres. Todavía esperamos el regreso de los que quedan para confirmar, esperemos en Dios, que tampoco ellos hayan perdido a sus padres.
Nuestros hermanos de Santo Domingo, por otro lado, están hospedando en una de nuestras casas de la capital, a todos los heridos ya dados de alta de diversos hospitales dominicanos, ofreciéndoles, de este modo, un lugar donde poder vivir con dignidad, hasta que el tiempo aclare y la amanecida de la solidaridad internacional, logre, sin condicionamientos de ningún tipo, restituir a este pueblo, lo que la catástrofe les ha arrebatado.
Oremos por todas las víctimas fatales, oremos por los sobrevivientes sin familia, oremos en particular por los niños, los más débiles de todas las historias, para que encuentren una familia nueva que los acoja en su seno.
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