Asís.-Cuando el día llega al final y el crepúsculo se enseñorea de la jornada, el alma del contemplativo se detiene a observar las últimas sombras que proyecta el sol en su trayectoria hacia el ocaso. Nada es porque sí, todo adquiere en la penumbra su significado más profundo y la lengua del alma canta melodías nuevas que nunca hubiera imaginado que existieran en su interior.


La plaza de la comuna de Asís, conforme avanza la noche se puebla de turistas y peregrinos que luego de una jornada de caminata y búsqueda, ahora se detienen a narrar las experiencias mientras beben a satisfacción.

Prefiero tomar la calle de subida hacia la Basílica de Santa Clara, allí canté las Vísperas del Domingo de Ramos con las hermanas y el corazón acomodó su ritmo y su latir.
Lleno del gozo de la oración todavía quise caminar lento hasta San Francisco y aunque ya todo estaba cerrado pude saborear el silencio que arropaba la fresca noche.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario