San Lorenzo de El Escorial, Madrid, España.- Del 26 al 31 de enero he tenido la gracia, una vez más, de poder predicar los ejercicios anuales a un grupo de hermanos de nuestra Orden. Algunos sostienen que predicar a los frailes es tarea ardua, pues no sé todavía a qué se refieran, porque, tal vez, en mi inconciencia, cada oportunidad que se me brinda la vivo con gran alegría y serenidad.
La receptividad de los hermanos en este caso particular de unos 36 de la Península Ibérica, se me ha hecho camino amplio para poder explayarme con total libertad y alegría.
Continúo con la serie de meditaciones sobre las Admoniciones de San Francisco leídas en clave de una vida fraterna saludable y sanadora.
Para los seguidores del blog, no es nuevo porque de hecho recordarán que lo mismo prediqué a los frailes de Puerto Rico, Perú, Ecuador, Chile, postnovicios de España, y próximamente a los frailes de Paraguay y a los de lengua española en Pitsburg (Estados Unidos).
Este aspecto de mi servicio como definidor general de la Orden es, de hecho, un regalo que Dios me está haciendo y que puedo verificar, por el agradecimiento, que a nuestros hermanos le hace bien y les llena la vida de perspectivas y sueños abriéndoles un horizonte nuevo.
Quiera el Señor seguir dándome la gracia y la salud para estar siempre dispuesto a lavar los pies de mis hermanos.
La receptividad de los hermanos en este caso particular de unos 36 de la Península Ibérica, se me ha hecho camino amplio para poder explayarme con total libertad y alegría.
Continúo con la serie de meditaciones sobre las Admoniciones de San Francisco leídas en clave de una vida fraterna saludable y sanadora.
Para los seguidores del blog, no es nuevo porque de hecho recordarán que lo mismo prediqué a los frailes de Puerto Rico, Perú, Ecuador, Chile, postnovicios de España, y próximamente a los frailes de Paraguay y a los de lengua española en Pitsburg (Estados Unidos).
Este aspecto de mi servicio como definidor general de la Orden es, de hecho, un regalo que Dios me está haciendo y que puedo verificar, por el agradecimiento, que a nuestros hermanos le hace bien y les llena la vida de perspectivas y sueños abriéndoles un horizonte nuevo.
Quiera el Señor seguir dándome la gracia y la salud para estar siempre dispuesto a lavar los pies de mis hermanos.
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